viernes, 28 de noviembre de 2008

Una de chucherías

Este fin de semana anuncian agua, agua y más agua. Está tarde ya ha empezado a llover, así que los del tiempo van a tener razón. Entre los planes caseros posibles no descarto ver alguna película con los niños y sin ellos (sesión continua, cómo me apetece!).Habrá que hacer palomitas y comprar alguna cosilla dulce para acompañar la velada. Me refiero a golosinas de esas que nos gustan tanto o más a los mayores que a los niños.

Esto me da pie para escribir acerca del efecto que puede tener sobre adultos respetables, alguno incluso padre de familia responsable, la visión de según que chucherías en las fiestas infantiles. ¡Por Dios, cómo pierden los papeles algunos!. Lo llevo observando desde que celebro los cumpleaños de los niños. Las carreras de algunos padres, saltando obstáculos y peleando por una posición privilegiada, me han dejado con la boca abierta más de una vez. Tranquilos padres del mundo, que ya contaba con vuestra presencia y he traído de sobra, hay para todos!. Es curioso también como justifican su actitud con un "pues no hace años que no me comía uno de estos". ¿Pero cómo "años" si vinisteis al cumpleaños del año pasado y también los había?. El ver la cara de ilusión de algunos de mis amigos y parientes (sentiros aludidos que va por vosotros!) ante un tigretón, un bonie, un pantera rosa (con su color rosa chicle tan artificial él)…justifica el comprarlos. Lo hacemos por vosotros, padres de las criaturas. Eso sí, sólo dos veces al año, que hay que inculcar a los niños hábitos saludables. Visto desde otra perspectiva también es saludable el desate de los padres, que hay que liberar tensiones, no es buena tanta conteción y deseo reprimido. Antes de hiperventilar y llegar a tener un ataque de ansiedad mejor poner un phoskito en tu vida.

En realidad no sé de que me asombro!. Yo soy igual que ellos y paso al ataque cuando me ponen delante un cuenco con esponjitas,conguitos, lacasitos, regaliz…. Trato de hacerlo discretamente, pero no siempre lo consigo. Si estoy deseando llevar a los niños al cine para comprar la bolsa de chucherías extra-large para mí claro está, que no quiero visitas al dentista antes de que pierdan los dientes de leche!. Bendita costumbre la del kiosko de chuches en bautizos, primeras comuniones y cualquier fiesta infantil que se precie…que allí estarán los padres para velar por la salud de sus niños: Niño no comas más, que te vas a poner malito, mamá te lo guarda…




Esta bien eso de vivir una segunda infancia con la de tus hijos. Si teneis niños en vuestro entorno, hijos, sobrinos, niños de amigos, ahijados...seguro que conoceis el placer de ir a comprar golosinas (pá los niños, siempre pá los niños….) y descubrir en la tienda una “chuche” que creiáis desaparecida para siempre. Aún pueden encontarse los palotes (nunca fueron santo de mi devoción), los sugus (el tradicional caramelo que se repartía en los cumpleaños, con esos papeles de colores con los que mi amiga Almudena forró su carpeta del colegio, aquello si que era puro diseño!), los peta-Z, los chimos (maravillosos, sobre todo cuando te tocaba el del sabor que te gustaba), los caramelos rellenos de pica-pica (esos que venían en tiras interminables), los escalofríos, los discos en espiral de regaliz negro y rojo, los pictolines, los kikos (churruca, por favor), los caramelos pez en sus dispensadores con forma de muñeco (ahora en vez del Correcaminos te encuentras con Shrek y familia), los chupa-chups Kojak con su chicle….MARVELOUS. Mi único recuerdo infantil desagradable asociado a las golosinas tiene que ver con el reparto de caramelos en los cumpleaños del colegio. ¿Por qué a mí siempre me daban los de plátano o anís? Ya se sabe lo crueles que pueden llegar a ser los niños...


Hace ya unos días Bea, de PQ me lo merezco hablaba en su blog de los chicles Adams (yo soy de la generación del Cheiw junior y viví con emoción la llegada de los primeros chicles sin azúcar y los Bang-Bang, que los Boomer son posteriores), y de cómo unas piezas que había colocado en un collar le recordaban aquellos chicles. Entre mis experimentos de este otoño, tengo unos broches de agujita que todo el mundo al verlos bautiza como “broches piruleta”. Creo que hoy es un buen día para que los veáis. Además haciendo este repaso a mis recuerdos infantiles he caído en la cuenta que mis bolas facetadas de colores son igualitas que unas bolas de caramelo que había de la marca Fiesta, que venían en paquetitos de 4 ó 5 y que estaban para comérselas… Os acordáis?. Os pongo fotitos de mis collares de bolas para ver si os asaltan los recuerdos…












Qué nostalgia…me estoy haciendo mayor. Mi padre dice que cuando uno empieza a vivir de los recuerdos…está envejeciendo, y si tenemos en cuenta que hay alguien de mi entorno inmediato que considera que ya estoy muy cerca de los 40… En fin,lo único que importa es que yo creo que estoy en muy buen momento y recordar, que no vivir de los recuerdos, es hermoso. Voy a ver si encuentro algún paquete de conguitos por casa, para consolarme del inapelable paso del tiempo. Si vosotros tenéis alguno a mano, que os aproveche y ahora recordad conmigo.


3 comentarios:

Lourdes dijo...

Ufffff esto no se haceeeeee!!! Yo no se qué tienen las chuches que en momentos de cabreo/depre post-examen ( como ahora ) aminorarían mi estado anímico...
Los kioskos de los cumples es de lo mejor pero lo que más ilusión nos hizo a todos fue " despachá" chuches!!!
Que devuelvan el kiosko ya!!!
Oye, me puedes declarar fan número 1 o por lo menos la 2.
Un beso.

macarena dijo...

Te declaro fan número 1 y comentarista de honor de este blog. Un beso y ánimo.

Macarena

María dijo...

COnguitos, conguitos y más conguitos. Yo voy acl cine por los conguitos, no pro las palomitas. Y Lou lo sabe. mi perdición. Y d epequeña, las piruletas rojas con forma de corazón.....las que dejan la lengua roja. ¿cuando quedamos para el cien por favorrrrr!?????