lunes, 15 de marzo de 2010

El camino

Sólo hay algo que me reconcilia con este invierno tan insoportablemente lluvioso. Gracias a ese agua que no ha parado de caer, el campo luce así:





Este fin de semana de tregua ha sido perfecto para disfrutar del sol, del verde, del aire limpio...



Y en mi paseo campestre dominical me he acordado varias veces de él, al que tanto le gustaba el campo.



Cada uno tiene por delante un camino que va recorriendo hasta que un día el camino llega a su final. Los caminos cambian a medida que se anda por ellos. Algunos vuelven, otros se retuercen sobre si mismos, otros giran, algunos serpentean, a veces suben, a veces bajan, a veces se puede correr por ellos, otras veces hay que frenar en seco...



Hay caminos cortos, más cortos de lo que quisiéramos. Otros muy largos. Tan largos que el caminante llega cansado, deseando acabar. Como cuentan que le pasó a él. Tengo abuelos cerca que tienen los mismos pensamientos que D.Miguel, disfrutan de estar vivos pero sienten que ya han cumplido, no tienen la energía de antes y no les importaría morirse. No sé si a esta aceptación de la muerte te llevan los años, el agotamiento, la sensación de que no te queda nada por hacer...y eso hace que te conformes con una realidad que es la misma para todos: Todos los caminos tienen punto de partida y punto de llegada, principio y final. Yo hoy por hoy sigo sin conformarme.

Siempre es más fácil caminar cuando se hace en buena compañía. Y eso es lo que más le agradezco a D.Miguel. La compañía. Mis ratos de soledad compartidos con él. Me "recuerdo" llorando mientras leía "Señora de rojo sobre fondo gris" en el tren que cada domingo me llevaba de mi casa a mi "otra casa". El mismo tren en que conocí al señor Cayo y supe lo de su disputado voto, en el que me enteré de que existía El tesoro, me emocioné con La Mortaja y La hoja roja y cotilleé leyendo aquellas amorosas cartas del sexagenario voluptuoso.Y recuerdo como Mario pasó más de cinco horas conmigo en las largas noches de insomnio en que Claudia aún sin haber visto este mundo no me dejaba dormir.Y sobre todo recuerdo el momento mágico de leer el libro que más he disfrutado y más me ha hecho pensar en mi vida: El hereje. Supongo que si sabes que le has brindado esos ratos de compañía a muchísima gente, te puedes morir tranquilo. Gracias, Delibes.

4 comentarios:

Súper Mami Modern dijo...

VERDE QUE TE QUIERO VERDEEEEEEEEEEE...

mmmmm qué rico...


besotes!

Blair dijo...

Qué paisajes tan bonitos!!Besotes

Chelo dijo...

Ya era hora de que tuviesemos una tregua, aunque para los que somo alérgicos ya ha empezado el suplicio...coincido contigo en el hereje, creo que es la que más me gusta quiza por ser la última y en la que más se reconocen sus sitios...muchos bss

Zerogluten dijo...

Es bonito lo que dices sobre la muerte. Quizás el paso de los años sea la condición necesaria para que obtenga la naturalidad que no se ve desde determinadas edades o circunstancias.
Ay, el campo! luce maravilloso.
Besitos sin gluten.