Me encantaría saber coser. Si un botón se cae, lo coso y hasta me atrevo con los dobladillos que se rebelan y vienen colgando después de las duras batallas de los niños en el patio del colegio (a otros dobladillos algo más rebeldes...ni me acerco, quien ha visto semejante osadía). Eso sí, siempre me ha gustado coger la aguja para transformar esta camiseta o aquel vestido pegándole un lazo aquí o un abalorio allí. También tuve mi momento punto de cruz (momento que duró años y dió importantes frutos)y nido de abeja. Pero no más, lo que se dice coser, coser, como las abuelas de antes capaces de hacerte un vestido y mil labores primorosas con la aguja y el dedal...pues eso no, para mi desgracia.
¿Qué por qué os cuento esto?. Porque durante mi exilio en casa de mis padres he recuperado uno de mis tesoros infantiles más queridos. Una de esas cosas que siempre ha estado rodando por casa y que siempre me hace sonreir y recordar cuando me reencuentro con ella.

(fijaos como todavía aparece mi nombre escrito por la señora de la tienda donde comprábamos la prensa y a la que le habíamos encargado la revista, como señal de "reservada")
Este Burda infantil fue una compañía imprescindible en aquellos días en que jugaba a ser costurera, una modista que le hacía vestidos de alta costura a su NANCY. Yo creo que prácticamente en todas las casas españolas ha habido algún BURDA. Esa revolucionaria revista con sus patrones por tallas. Aquel ritual de despejar una mesa grande sobre la que calcar con papel de seda y "jaboncillo" el patrón, sujetar el papel con alfileres a la tela y atreverse a meter la tijera para cortar la piezas. Y luego hilvanar, poner de prueba , probar, arreglar y finalmente coser. Este tipo de revistas ponía al alcance de muchas el "HAND MADE" hecho en casa y para propio uso y disfrute. ¡Si el "DO IT YOURSELF" se inventó hace muchísimo tiempo!.

Para mi esta revista supuso un salto importante. Era la posibilidad de hacer cosas que hacían los mayores, con consentimiento y hasta aliento de los adultos y moviéndome en un territorio que ya entonces me apasionaba como niña coqueta que era. Además no le faltaba un detalle y era posible llenar el armario de las muñecas con un vestidito para cada ocasión.
De vacaciones a la costa, a disfrutar del buen buen tiempo:

O a la piscina (si es que Barbie siempre fue la "pija" rica que daba fiestas para sus amigos en la piscina de casa; ¡NANCY y Leslie forever!)

Para una tarde de paseo primaveral:

Para una jornada "Froilan María" oleleriuHHHHH!!!!!:

Para la llegada de los rigores invernales:

Y qué me decís, de estos "saltos de cama"...
Y cerrando la revista:

Noble oficio el de las costureras, modistas o como las queráis llamar. Auténticas artistas de la aguja. Algunas veces sigo recurriendo a ellas, sobre todo cuando necesito algo especial para los niños y me da mucha envidia sana ver lo que son capaces de hacer con un trozo de tela. Pero sobre todo me da alegría cuando encuentro a gente joven que sigue cosiendo y creando como lo hacían las abuelas. Afortunadamente los sigue habiendo, hombres y mujeres, maestros que cosen sus piezas artesanalmente y en la soledad de sus talleres, ¿no es maravilloso?.
El burda...eran otros tiempos, cuando se escuchaba esto y a todos nos parecía "normal".
