
Y de pronto hay cambios de color en los escaparates. Fascículos y coleccionables en los quioskos. Las nuevas temporadas de las series de televisión. Uniformes y material escolar. El tráfico. Olores renovados que en Jerez se llaman vendimia y mosto. Todo llega. Y el otoño está a punto de hacerlo. Hay señales por todas partes.
Me apetece el cambio. Lo necesito. Que se vayan cumpliendo los ciclos. Estoy ilusionada, animada, con muchísimas ganas. Tengo la sensación de que este otoño va a ser una prolongación de todo lo bueno del verano aunque la cadencia sea otra.
El jueves los niños empiezan el colegio y dentro de diez días se habrán terminado mis vacaciones. Y entonces volveré a estar sometida al martirio del despertador y me pasaré todo el día corriendo de un lado para otro. Y en medio de la vorágine y el estrés me acordaré de mi glorioso verano de 2009 y como mínimo sonreiré. Que me quiten lo bailao.
Todo pasa. Todo llega. Y ahora a seguir haciendo camino. Espero que con todos los que han andado conmigo este verano (sentiros aludidos que me refiero a VOSOTROS). Este verano en que tanto ha sonado la canción que os pongo hoy. Y aprovecho para reivindicar que éste será el otoño del gato y ya sabéis que con nombre propio. Pero esa es una historia de la que hablaré otro día.
Estoy de vuelta. Y por cierto, os he echado mucho de menos.
